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Aljubarrota, descubrimientos y pecados de la carne

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Todos tenemos en la vida nuestras preferencias y nuestras predilecciones aunque a veces no haya un especial motivo que las explique.

Quienes nos aventuramos en estudiar las diferentes, y a veces antiguas líneas de nuestra ascendencia, también tenemos nuestras preferencias por algunas ramas de nuestro linaje que, por algún extraño motivo, nos resultan más simpáticas. Sin que sepa porqué, me ocurre esto con mis ramas portuguesas.

Mis orígenes portugueses vienen por dos líneas diferentes, llegadas a Buenos Aires a fines del s.XVI.

La sangre de una de ellas la aporta el capitán don Juan de Melo Coutinho, poblador de Buenos Aires “con Juan de Garay o poco después”, donde fue vecino feudatario, alcalde, alférez real y regidor, además de uno de los hombres con mayor caudal en el Buenos Aires de ese entonces. Se dice que “nadie vivía como él”, y que su casa “estaba alhajada como una de las mejores”, habiendo en ella “sus pabellones de raja y sobre-camas de damasco, sábanas extranjeras de ruán, colchones, cujas, cofres y buretes, alfombras de varias ruedas, vajilla de plata labrada, etc.”

Blasón concedido a Gonzalo Uchu Hualpa
Blasón concedido a Gonzalo Uchu Hualpa

Se había casado en el Alto Perú con Dª Juana Holguín de Ulloa, hija del general don Martín de Almendras, conquistador del Perú y gobernador del Tucumán, que nació en Plasencia por 1505 y, habiendo pasado a América en la armada de don Fadrique de Toledo, vino a ser muerto por los indios en la Quebrada de Humahuaca en 1563. Su madre, Dª Constanza de Orellana y Holguín era hija del general don Pedro Álvarez de Holguín, conquistador del Perú, Capitán General y Justicia Mayor del Cuzco, quien habiendo nacido en Cáceres vino a morir en la batalla de Chupas en septiembre de 1542; y de Dª Beatriz Tupac Yupanqui, hija del Inca Gonzalo Uchu Hualpa, al que el emperador don Carlos hizo merced, para él y sus descendientes, de escudo de armas por R.C. del 9 de mayo de 1545.

La fanfarronería nunca tiene felices consecuencias y cuentan las crónicas que fue ésta la que costó la vida al general don Pedro Álvarez de Holguín. Haciendo alarde de que el enemigo no sabía “dar en el blanco”, se presentó al campo de batalla montado en un caballo tordo y luciendo prendas de este color. Erró su predicción y los arcabuceros enemigos no fallaron el tiro. Fue el primero en caer muerto en esa jornada.

Pedrálvarez de Holguín era también hombre de linaje. Su madre, Dª Constanza de Aldana, había sido dotada con “la dehesa de Pozuelo, en Trujillo, un molino, diez mil maravedíes, la sexta parte de los bienes de su padre, y otros haberes” para contraer matrimonio con Pedro Álvarez Holguín, vecino de Cáceres, enterrado es su capilla del monasterio de San Francisco extramuros de esta ciudad extremeña.

La sangre de otra de ellas viene por el matrimonio formado por Gil Gonçales de Moura, “fidalgo das Açores” ─que llegó a Buenos Aires a fines del s.XVI en el séquito del gobernador don Diego Rodríguez de Valdés y de la Banda─ y su mujer, Dª Inés Cabral de Melo. Fue en Buenos Aires último poblador, pidiendo su vecindad en 1603, que se le acordó recién el 9 de mayo de 1611. Figura en la lista de vecinos a cargo de la defensa durante la expedición a los Césares de 1604 “con cuatro caballos, escopeta y media libra de pólvora.”

Si preguntáramos a un portugués por un hecho histórico de referencia, posiblemente mencionará la batalla de la Aljubarrota, aquella en la que el rey Juan I de Portugal y el gran condestable don Nuno Alvares Pereira vencieron a Juan I de Castilla y a sus huestes en 1385.

Pedro Alvares Cabral
Pedro Alvares Cabral

Hombre piadoso, una vez viudo, el condestable entró en religión tomando el hábito carmelita que llevó hasta su muerte en 1431. En 1918 Benedicto XV lo beatificó, y fue canonizado por Benedicto XVI el 26 de abril de 2009.

En relación con el Santo Condestable podemos decir que ambas líneas de descendencia están estrechamente emparentadas con él.

Así, don Juan de Melo Coutinho era descendiente de Dª Izabel Alvares Pereira, hermana del Santo Condestable, casada con Gil Vaz da Cunha, Alférez Mayor de Portugal. Su hijo y heredero Fernäo Vaz da Cunha ─abuelo también de don Juan de Melo Coutinho─ casó con Dª Branca de Vilhena, nieta del famoso personaje don Juan Manuel, príncipe de Villena, autor del “Conde Lucanor” y que tantas veces se levantara en armas contra su primo, el rey castellano; y tataranieta, por su costado materno, del rey Alfonso III de Portugal y de su concubina Dª María Pérez de Enjara.

Por la otra línea, Dª Inés Cabral de Melo era descendiente de Dª Constança Rodrigues Pereira, prima hermana del Santo Condestable.

Pero no todo puede ser santidad y glorias cosechadas en el campo de batalla. También el estudio de los ascendientes de don Juan de Melo Coutinho muestran, a veces, su lado más humano en todos los sentidos. De entre éstos ancestros, no parece haber sido muy santa la unión de Francisco Pires, prior del monasterio de Santa Cruz de Coimbra, con Dª Tereza Vaz de Azevedo, monja en el convento de Lorväo. El hijo de ambos, Gonçalo Vaz de Azevedo, mariscal del reino de Portugal, fue legitimado por carta del rey Fernando I el 27 de febrero de 1375.

Tampoco parece haber sido un hecho muy pío lo ocurrido con Dª Maria Mendes de Sousa, de quien dicen las crónicas que “...forçola seu irmäo Gonçalo Mendes de Sousa e despois cazou com Lourenço Soares de Valladares”, aunque en este caso los amoríos pecaminosos venían de familia, puesto que su abuela Dª María Paes de Ribeira era llamada “A reynha riberinha” debido a los públicos amores que mantenía con el rey don Sancho I de Portugal.

Aunque este no es el único caso de amoríos regios y libertinos de esta línea. En ella también podemos mencionar a Dª Leonor Téllez de Meneses, que abandonó a su marido legítimo ─Joäo Lourenço da Cunha, señor de Pombeiro─ para casarse ilegítimamente en 1371, en Oporto, con el rey don Fernando I de Portugal.

Escudo de los Cabral en el castillo de Belmonte
Escudo de los Cabral en el castillo de Belmonte

No era por casualidad que Gil Gonçalves de Moura y Dª Inés Cabral de Melo habían nacido en las Azores; ella era chozna de Dª Violante Velho Cabral, hermana de frey Gonçalo Velho Cabral, descubridor de las islas y su primer capitán donatario.

Los Cabral son “...familia muyto antigua e no tempo dos primeyros Reys de Portugal occuparäo os Cabraes lugares Hörados e a elles perteneceu o senhorio de Belmonte e outras terras, com hua das mayores preeminencias do mundo que he näo darem homenagen dos Castellos que se lhe entregäo. O mais antigo deste appellido de que se me offrece noticia, he Ayres Cabral, em tempo del Rey D. Diniz...”, poseyeron la alcaidía mayor de Belmonte, donde podemos encontrar aún hoy sus cabras heráldicas en lo que queda de su antiguo castillo.

Entre los ancestros de don Juan de Melo Coutinho también encontramos capitanes donatarios. Su padre y su abuelo lo fueron de la de Espíritu Santo, en el Brasil. Quienes se han interesado por la vida de su abuelo cuentan que éste “... foi fidalgo da Casa Real que batalhara em Africa e na India, sem ter demonstrado qualidades de administrador e apenas as de valentia...”, una frase algo lapidaria para un batallador que estuvo en cuatro continentes.

Pero como hemos mencionado la batalla de la Aljubarrota, y las continuas luchas que los portugueses tuvieron con los castellanos en pos de afianzar su identidad nacional, mencionaremos a unos cuantos caballeros ─ancestros de ésta línea─ que en aquella época pusieron su espada unas veces luchando contra el rey castellano y otras veces haciéndolo a su lado.

El abuelo del primer capitán donatario del Espíritu Santo, Vasco Fernandes Coutinho, “morreu em vida de seu Pay sobre sete Igresas quando a guerra de Castela como bom cavaleiro”. Estuvo casado con Dª María de Lima y era yerno de don Leonel de Lima, creado Ier vizconde de Vila Nova da Cerveira el 4 de mayo de 1476 por el rey Alfonso V, en lo que resulta el primer título de vizconde concedido en Portugal; “...fue uno de los más señalados guerreros de su época, gran magnate en Galicia y Portugal.”

Sin embargo, el padre del vizconde estuvo guerreando en el sitio de Tarifa junto a Juan I de Castilla; y su abuelo, Álvaro Rodríguez de Lima, “Perdió su señorío por seguir la causa de D. Pedro I ‘el cruel’, rey de Castilla.”

 

Sepulcro blasonado de Vasco Fernandes Coutinho y su mujer Dª María de Lima
Sepulcro blasonado de Vasco Fernandes Coutinho y su mujer Dª María de Lima

 

Otro de los ancestros de esta línea, Diögo Gonçalves Barreto, que “Aunque fue hijo mayor, fue desposeído por el Rey D. Fernando I, en razón de haber pasado a Castilla al servicio de D. Enrique II, rey de Castilla.” O incluso el Ier conde de Viana, que siguiendo al rey castellano murió “murió en su villa de Penela en 1384 combatiendo al Maestre de Avis”, pese a ser primo hermano “...de la reina Da. Leonor Téllez de Menezes, madre de D. Fernando I, rey de Portugal”, a quien ya mencionamos antes.

Recordé a todos estos antiguos ancestros que tantas veces lucharon al lado de Portugal o al de Castilla, y cómo sus orígenes se funden en la sangre de esos dos ancestros que junto a sus familias llegaron a establecerse en la incipiente ciudad de Buenos Aires de fines del s. XVI, al amparo de que por entonces ambas coronas se asentaban bajo el mismo soberano.

El rey de España lo fue también de Portugal desde 1580 hasta 1640. Por aquellas fechas fueron ejecutados en Buenos Aires quienes trajeron del Brasil la noticia de la sublevación portuguesa, en una suerte de eliminar al mensajero porque no gustó el contenido del mensaje.

Desde entonces continuamente se tuvo enfrentamientos en el Río de la Plata contra los portugueses. En la Banda Oriental, especialmente en torno a la ciudad de Colonia del Sacramento y a las Misiones Orientales, cuya pérdida territorial ─concretada en la Guerra de las Naranjas y establecida desde Europa con aparente desdén por los intereses americanos─ constituye un importante antecedente de la independencia argentina.

Muchos de los que lucharon contra los portugueses en América tenían, como hemos podido ver, muy antigua y notable sangre portuguesa que incluso había regado el campo de la Aljubarrota.

De las seis familias fundadoras de Montevideo, la mitad estaban integradas por tataranietos de don Juan de Melo Coutinho, por lo que es fácil afirmar que muchos de los ascendientes de muchos de los que lucharon en la Guerra del Brasil ─después de que éste se anexionara la Banda Oriental como Provincia Cisplatina─ y afianzaron la independencia del Uruguay, tenían antiguos ancestros portugueses.

Mientras evocaba a mis antiguos antepasados portugueses recordé la última vez que estuve ─ya hace demasiado tiempo─ en Portugal, y el buen fin de semana que pasé entonces en el Centro Hípico de Matosinhos junto a los jinetes de aquel país hermano.

Se me ocurrió entonces pensar que todas estas luchas, a lo largo de varios siglos, no hayan sido sino los habituales enfrentamientos fraternales que se producen en todas las familias.

 

 

 

 

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