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Los apasionados del mar

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La genealogía es, para quienes la cultivamos, una ciencia apasionante. Sin embargo quienes no la conocen suelen pensar que es una actividad aburrida, especialmente inventada para gente introvertida y excéntrica. Nada más lejos de la realidad.

Cuando ocurrió esto no hacía mucho que había sido publicado mi trabajo “El comercio de Cádiz. Breve reseña de los linajes Bayo y Bacaro.” Y habiendo dado ese trabajo por finalizado, y por simple curiosidad, me disponía a abrir ese día unos expedientes en el Archivo del Museo Naval de Madrid.

Una interesante sorpresa me esperaba. Al abrir la carpeta de uno de los expedientes que había ido a ver, encontré una carta de un lejano pariente del que no conocía su existencia, llamado Luis G. Bayo.

Estaba escrita en papel con ribete negro de luto y fechada en Madrid en 1909. En ella pedía a una persona que le diera información sobre este expediente para "un asunto de familia", poniendo especial interés en la probanza de hidalguía y en obtener una certificación de ella; imagino ─aunque no lo he constatado─ que querría presentarla para su ingreso en alguna Corporación.

Este “pariente de luto” llamó, curiosamente, mucho más mi atención que todos los demás datos que había podido consultar en el archivo. Al día siguiente, ya en casa, me empeñé en establecer quién era él y cuál era su parentesco conmigo.

Manuel Bayo y García de Prado
Manuel Bayo y García de Prado

Mi recién descubierto pariente era nieto del mariscal de campo don Manuel Bayo y García de Prado, héroe de la defensa de Zaragoza durante la Guerra de la Independencia española, ─primo hermano de mi chozno, el prócer oriental Manuel de Haedo─ y por tanto primo en 3º grado de mi bisabuelo. Un parentesco algo lejano para una relación familiar ─aunque no tanto─ pero bastante cercano en un estudio genealógico.

Eran estos Bayo de un linaje hidalgo de la tierra de Cameros, en La Rioja, de una zona conocida por sus fábricas textiles.

D. José Bayo Ximénez, realizó una intensa actividad comercial y naviera en la ciudad de Cádiz, durante la primera mitad del s. XVIII, enlazando por matrimonio con una familia genovesa, los Bacaro, propietaria de fábricas sederas y también dedicadas desde la ciudad gaditana a efectuar el comercio con las Indias. De su hija pequeña, Micaela, que a los nueve años ─en que pasó a Buenos Aires─ era “mediana de cuerpo, ojos azules, blanca, y boca pequeña” queda descendencia en ambas márgenes del Plata.

Sin embargo, su hijo mayor José Agustín, se dedicó al comercio y a la navegación a imagen de su padre. En 1761 lo encontramos viajando de Cádiz a Cartagena de Indias embarcado como “cargador” en el navío Ntra. Sra. de Atocha, puesto “que tiene cargado en dicho Navío de su quenta y riesgo y para entregarse en primer lugar diferentes mercaderías de mayor monto que los trescientos mil rs. de plata que previenen las ordenanzas para poder hacer viage a la America.”

Ambos Bayo, padre e hijo, tienen una frenética actividad viajera. El padre atraviesa varias veces el océano, viajando a México y a Buenos Aires. Llega a Cádiz en 1751 como capitán del navío Nª Sª del Buen Consejo, pero en noviembre de ese mismo año ya está nuevamente en Buenos Aires contrayendo matrimonio por segunda vez.  En 1758 fue nombrado alcalde de la Sta. Hermandad en la villa riojana de Matute “como vezino y del estado que es de Hijos Dalgo”, aunque ejercía el cargo por medio de otra persona que “senombro porsutthenientte... por allarse en la Villa y Corte de Madrid” en compañía de su hijo.

Pero lo interesante de todo este asunto es el estudio de las relaciones familiares existentes entre las familias establecidas en Cádiz, que entre todas ellas comparten su relación con el mar, con el comercio, y con un origen no español.

Después de un estudio minucioso parecería que el nexo común entre todas ellas lo establece la familia Lasquetty, originarios de Liorna, en el Gran Ducado de Toscana, y que figuran en Cádiz desde que don Sebastián Lasquetty se estableciera allí a fines del s. XVII y consiguiera “con sus operaciones bancarias y navieras una gran fortuna, que le permitió con toda esplendidez ayudar al Estado en sus guerras de Italia, prestando más de siete y medio millones de reales.”

Su bisnieto, don Luis Lasquetty Gálvez, caballero de Santiago y gobernador de la provincia de los Llanos (Colombia) casó con la gaditana Dª Josefa Bayo, nieta de don José Bayo Ximénez.

Del mismo modo su prima hermana, Mª Candelaria Lasquetty, casó con el Tte. Gral. don Antonio Van-Halen, Ier conde de Peracamps, y hermano de Juan Van-Halen “el oficial aventurero”, de quien Pío Baroja escribiera una interesante biografía sobre las vivencias de este militar en los tiempos de la restauración de Fernando VII y sus posteriores aventuras en Rusia y Bélgica.

Son estos Van-Halen ─como el propio oficial aventurero dice en sus memorias─ “de un origen belga”, establecidos en Cádiz a mediados del s. XVIII, donde fue el primero en establecerse otro Juan Van-Halen, a quien encontramos ya en la ciudad gaditana en 1740.

Siguiendo las mismas relaciones familiares, una nieta del conde de Peracamps contrajo matrimonio con un nieto del mariscal de campo don Manuel Bayo, y hermano de nuestro “pariente de luto” Luis Bayo.

Muchas cosas hay en común entre estas relaciones familiares: un origen lejano ─italiano en el caso de los Bacaro y de los Lasquetty, y belga en el de los Van-Halen─; el establecimiento de todos ellos en Cádiz para efectuar sus actividades relacionadas con el mar y con el comercio americano; y la natural predisposición a contraer matrimonio entre ellos mismos.

Pensando en el origen italiano de los Lasquetty me planteo ahora si fue casualidad que el segundo matrimonio de José Bayo, efectuado en Buenos Aires, lo fuera con una porteña pero también de origen italiano, de apellido Julio Rospigliosi, posible sobrina bisnieta del Papa Clemente IX.

El cielo amaneció cubierto y el día, gris y lluvioso, es hoy muy frío. Ya hace mucho tiempo desde que a fines del año ’15 descubriera, por casualidad, a los Bayo de este lado del Atlántico, estrechamente emparentados con los Lasquetty y los Van-Halen. Más de un año después me disponía a iniciar lo que podría ser un nuevo artículo publicable sobre las relaciones familiares que guardan entre si estos linajes y su vinculación con Cádiz, cuando la pluma tomó otros derroteros y las palabras se convirtieron en un nuevo relato breve.

La genealogía es una ciencia apasionante, llena de curiosidades y de sorpresas. No se aún si mi “pariente de luto” Luis G. Bayo tuvo descendencia. Acaso me haya cruzado cualquier día, sin saberlo, con alguno de sus bisnietos por cualquier calle de Madrid.

Volví la mirada hacia el cielo gris y lluvioso y pensé que, a diferencia de todos ellos, nunca sentí especial atracción ni por la navegación ni por los barcos, a diferencia de mi “pariente de luto” Luis Bayo, quien parece que también fue marino.

 

 

 

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