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Recuerdos familiares

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A principios del año 2014, un grupo de amigos y amantes de la genealogía organizamos un concurso entre nosotros.

Cada uno debía mostrar una foto de familia en internet y añadirle un texto que narrara una historia alrededor de esa imagen. Luego votaríamos la que más nos hubiera gustado y eligiríamos a un ganador, cuyo premio sería únicamente el reconocimiento de los demás.

Participé con la primera foto que aparece aquí, y con el primer texto, pero a los pocos días fui añadiendo dos textos más, todos acerca de la vida de mi abuela materna.

 

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Esta foto siempre me ha gustado.

Fué tomada en Londres, en el Hotel Imperial, en marzo de 1908.

La niña es mi abuela, Sara de Haedo Gándara, y está con mi bisabuela Estela Gándara Thwaites.

Mi abuela tenía en la foto 11 años y mi bisabuela 43, mi bisabuela moriría en 1915 víctima del cáncer.

A principios del s.XX mis bisabuelos hicieron varios viajes por Europa con sus hijos. Como los "viajes" duraban unos 2 ó 3 años, vivieron o pasaron temporadas en varias ciudades de Europa: Londres, París, Ginebra, Berna, Wiesbaden, que entonces estaba de moda, etc.

Finalmente se establecieron bastante tiempo en Berna (Suiza) y desde allí viajaban y pasaban temporadas en varios sitios.

Mi tío abuelo Ricardo, que era 10 años mayor que mi abuela y que siempre fue un "bon vivant", se aburría en Suiza y en cuanto podía -y conseguía el beneplácito y la financiación de sus viajes por mi bisabuelo- le gustaba marcharse a Paris o a cualquier otra capital europea en donde pudiera entretenerse. Fue en unos de esos viajes en el que salió con bien de un duelo en Moscú, en el que descubrió que algunos maridos podían ser un tanto celosos... para qué mencionar la indignación de mi bisabuelo (que era un hombre sumamente rígido).

A la vuelta a Buenos Aires de uno de esos viajes, en el vapor "Cap Arcona", mi tía abuela Estela (9 años mayor que mi abuela) conoció a un ingeniero alemán de la Manesmann, Leo Schaefer, que viajaba a Buenos Aires por trabajo. Se casaron y mi tía (prima hermana de mi madre) nació en Düsseldorf, en 1912. Cuando la enfermera le dio la niña a su madre le dijo en alemán: "Aquí está su paquetito (Paketchen)". Todos en la familia la llamamos Paketchen hasta que murió en Buenos Aires en el 2003. Yo le tenía mucho cariño.

Mi otra tía abuela, Irene, estando en Suiza se puso de novia con otro muchacho argentino, Marcelino Ugarte Tomkinson. Se casaron en Berna y allí nació su primer hijo en 1912.

Mi abuela también pasó mucho tiempo en Berna y de allí eran muchos de los recuerdos de su infancia. En Suiza, por aquellas épocas también estaban los primos Borges. A ellos los agarró la I Guerra Mundial en Europa y no pudieron salir de Suiza hasta que finalizó en 1918. Jorge Luis Borges (en la familia siempre le llamamos Georgie), el escritor, que pasó por esta circunstancia su infancia en Suiza, y durante mucho más tiempo que mi abuela (mi abuela era prima segunda de su madre, Leonor Acevedo Suárez Haedo, y se querían mucho), decía que en Suiza estaba una de sus patrias.

Siempre he pensado que también estaba allí una de las patrias de mi abuela.

Cuando en el año 85 la rotura de la cadera la postró en la cama de la que ya no se volvería a levantar y el Alzheimer le tenía su cabeza perdida, siempre nos hablaba en alemán, el idioma que hablaba en Suiza. Recuerdo siempre cuando me decía “Ich liebe dich” y siempre hablaba en alemán, aunque uno le hablara en castellano. Sólo había una situación en la que nos contestaba en castellano: si le preguntábamos si ella hablaba en alemán porque a lo mejor era alemana, siempre contestaba en castellano la misma frase... “¡pero vos estás loco!”.

Por las noches la cuidaba una monja originaria de Azkoitia, Sor Rosario, a la que siempre le hablaba en castellano porque la primera vez que le habló en alemán, Sor Rosario le contestó en euskera.

A finales de los 70 o tal vez en el 80 mi abuela le dijo una vez a mi hermano: "Cuánto me gustaría hacer un nuevo viaje a Europa, pero no un viaje largo sino un viaje relámpago: No más de tres o cuatro meses"...

 

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Miss Goodall
Miss Goodall, en La Plata

En Alemania mi abuela hizo unas amigas a las que quería mucho y con las que mantuvo contacto aún después de volver a Buenos Aires.

Una de ellas era Ida Bröcklman, con quien habló siempre en inglés pues su madre era norteamericana. Al morir su padre le hizo prometer a su madre que educaría a sus hijos en Alemania. De esta manera, el hermano de Ida murió combatiendo durante la I Guerra Mundial, y su hermana, atendiendo a los heridos como enfermera de guerra, se contagió una tuberculosis que la llevó a la tumba durante el conflicto.

En Londres, mi bisabuelo contrató una institutriz para sus hijas, Miss Goodall, a quien siempre llamamos “Goodie” (fue el mote que le puso mi abuela) y que luego marchó con ellos a Buenos Aires y vivió con la familia hasta que murió. Está enterrada con nosotros en el panteón de la familia.

Durante la estadía de mi bisabuelo en Berlín, llegó a un acuerdo con el Sr. Jacobi, que era un importante banquero judío, por el cual Miss Goodall se ocuparía de las niñas Jacobi y la institutriz de las Jacobi se ocuparía de las niñas Haedo. De esta forma las alemanas aprenderían inglés y las argentinas, alemán.

Mi abuela mantuvo el contacto con las Jacobi muchos años, hasta que llegó la noticia de su muerte en el campo de concentración nazi. Cuenta mi madre que Goodie las lloró amargamente.

La institutriz de las Jacobi (no recuerdo su nombre) tenía un hermano y una hermana. El hermano había conseguido integrar el cuerpo de Ulanos del Kaiser. Esto suponía un ascenso social para él, por cuanto los Ulanos eran un cuerpo de caballería integrado mayormente por nobles; pero también suponía grandes gastos para su familia, ya que los Ulanos mantenían de su peculio sus caballos, asistentes, pertrechos, etc. Las dos hermanas trabajaban para que éste hermano pudiera permanecer en los Ulanos y la familia ascender socialmente. A los inicios de la I Guerra Mundial, en uno de los primeros enfrentamientos, murió en una carga de caballería.

En el año 46, se acuerda mi madre que llegó a La Cumbre (allí pasaba los veranos mi abuela, en Córdoba, Argentina) una carta muy rara. Había sido enviada a la casa de La Plata, de allí el inquilino que tenía mi abuela la había enviado a Buenos Aires, y el portero la remitía a La Cumbre. Venía abierta y con los sellos de la censura soviética. Era de la institutriz de las Jacobi y de su hermana. Pedían auxilio. Habían sobrevivido a la guerra, pero habían quedado del lado soviético y como eran muy mayores y “no eran productivas” no tenían derecho a ninguna ayuda ni a ningún tipo de racionamiento. A través de la Cruz Roja, no sé bien cómo, mi abuela las ayudó durante un tiempo hasta que ya no hubo noticias de ellas...

 

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Manuela Haedo
Manuela Haedo, en la estancia Santa Lucía
Fray Bentos, Uruguay

Hoy, mirando fotos viejas, me he encontrado con esta foto de Manuela Haedo en la Estancia Santa Lucía (Río Negro, Uruguay).

En la foto que participa en el concurso contaba una historia sobre los viajes a Europa de mis bisabuelos y sus hijos, y con esta foto me he acordado de una historia que tiene relación con esos viajes:

Manuela Haedo era descendiente de antiguos esclavos de mi familia. Era entonces costumbre que los esclavos adoptaran el apellido de sus propietarios.

En 1813 se dió en el Río de la Plata la "libertad de vientres", en que los hijos de los esclavos nacían libres. Siempre he sostenido, aunque no lo sé a ciencia cierta, que Manuela Haedo fue la primera generación nacida libre. Toda su vida vivió con la familia en la Estancia Santa Lucía, en Fray Bentos (Uruguay) y murió en Mercedes en una casa de mi bisabuelo. Existe en la familia un recuerdo muy especial y muy cariñoso hacia ella y mi abuela la quería mucho. Tenía un hijo que se llamaba Puringo.

Conservo en el archivo familiar una carta que Manuela Haedo le enviara a mi bisabuela en 1904. Ese fue el año de la última Revolución blanca en el Uruguay (hubo 4 guerras civiles, entre los miembros del Partido Blanco y los del Colorado. Los integrantes de mi familia siempre fueron miembros destacados del Partido Blanco). Le contaba a mi bisabuela que Puringo había acompañado a tío Enrique Haedo a luchar en la Revolución y que hacía mucho que no sabía nada de su hijo y le pedía a mi bisabuela que averiguara qué había sido de él. Además, sabedora de que los viajes de mis bisabuelos duraban mucho tiempo, se despedía como lo hace una persona que piensa que ya no vivirá para recibirlos a la vuelta de dicho viaje. No sólo lo menciona sino que lo dice sin mucho reparo y añade expresamente "estoy muy vieja". Es una carta muy sentida y leerla nuevamente ahora, 110 años después emociona como si fuese la primera vez.

En esta oportunidad la historia no es tan triste como mi anterior narración relacionada con la primera foto, los viajes de mis bisabuelos y las guerras mundiales.

Finalizada la última Revolución, después de haber revistado en las filas de Aparicio Saravia, Puringo volvió a la estancia y poseo alguna foto en la que sale él, años después, con sus dos hijas.

Manuela Haedo, aunque en efecto era muy vieja, volvió a ver a mis bisabuelos y a sus hijos, incluyendo a mi abuela que tanto la quería.

Estaba ya postrada en cama y hablando con dificultad debido a su ancianidad, en Mercedes, sintiendo la muerte ya muy cercana, cuando la conoció mi madre siendo muy pequeña. Cuenta mi madre que se impresionó un poco de ver a alguien tan anciano siendo ella tan joven.
Mi madre nació en diciembre de 1934, treinta años después de que Manuela Haedo pensara que le quedaba ya poco de vida porque estaba muy vieja.

Murió como de 120 años, hacia 1940.

 

 

 

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