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Robledillo de Mohernando

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Como todos los años volví a primeros de junio a Robledillo de Mohernando, en la provincia de Guadalajara.

Posee una casa  en esa población un buen amigo escocés, oriundo de Perth y enamorado de esa tierra tan próxima a la capital de España, que tiene a bien invitarme a disfrutar todos los años con él de un fin de semana en su casa.

Esa noche, tras la copiosa comida y animados por el buen tinto nacional y el infaltable “scotch” por el que es conocida en todo el mundo la tierra natal del propietario de la casa, ambos comentamos lo mucho que nos gusta encontrarnos allí, disfrutando de la charla y de nuestra amistad común en medio de la tranquilidad de la noche rural alcarreña.


Una vez más, al día siguiente, di el habitual paseo por el pueblo subiendo hasta la iglesia de Ntra. Sra. de la Piedad –del s. XVI–, que es el edificio que se encuentra más alto de toda la población, dominando desde allí toda la comarca.
En el camino me crucé con algún reluciente, moderno y potente tractor Deutz, provisto de su aparejo agrícola, que seguramente fuera uno de los responsables de los extensos trigales amarillos que rodean la población de Robledillo.

Esta vez, al llegar a la iglesia, fotografié el blasón que se encuentra en el muro de su pórtico, a la derecha de la entrada al templo. Mientras lo hacía pensé en quién habría sido el hidalgo que lo habría mandado poner allí, y supuse que el noble propietario del escudo jamás habría imaginado que, con el correr de los siglos, un escocés y un argentino –nacidos en lugares tan lejanos y extraños a Guadalajara– disfrutarían con placer de la amabilidad de sus noches al finalizar la primavera.

Ya en Madrid no pude sustraerme a intentar conocer quién había sido el propietario del blasón. Consultando algunos datos pude ver que a mediados del s. XVIII  ya era Robledillo una comarca eminentemente agrícola, con la diferencia de que entonces no trabajaban la tierra los potentes tractores Deutz, sino que la villa disponía de “cientto y dosBueyes y Bacas Domados” para realizar esas faenas; pudiera ser que su industria haya menguado, ya que entonces en el término de la villa se encontraban un “Molino arinero” que molía el grano alimentado por las aguas del río Sorbe, y dos “Hornos de Pan cozer” que aprovechaban la harina obtenida en el molino; la ganadería era lanar y caprina y producía la villa rica miel de sus “cientto quarta  y ocho colmenas”, producto por el que aún hoy tiene la Alcarria merecida fama.

La villa era de señorío, perteneciendo al conde de Humanes, habiendo sido adquiridas a Felipe II en 1564 –junto a la villa de Humanes y los lugares de Razbona, Peñahora y Cerezo– por la fuerte suma de más de cuarenta y siete millones de maravedíes. El comprador, don Francisco de Eraso, secretario de S.M. y del Consejo de Castilla, fundó mayorazgo de todos sus dominios en 1567. Finalmente su nieto, don Francisco de Eraso y Pacheco, fue creado conde de Humanes en 1625, sobre el mayorazgo que fundara su abuelo.

Indudablemente el primer cuartel del escudo pertenece al linaje de Eraso, aunque aún no he podido averiguar a qué linajes pertenecen los otros tres cuarteles. Al estar timbrado simplemente con un yelmo, y no con corona condal, se me ocurre pensar que quizás pudiera haber pertenecido a don Francisco de Eraso o a su hijo, señores de Humanes, lo que daría  a esta labra una antigüedad considerable.

A mediados del s. XVIII tenía Robledillo noventa y ocho casas en las que vivían 83 vecinos. Actualmente las casas son numerosas, más de lo que cabría esperar; pero la población se reduce a sólo unos 120 habitantes. A pesar de esto suele verse temporalmente incrementada en los meses de junio por dos individuos de orígenes lejanos, que el próximo año es muy posible que levanten su “scotch” a la memoria de los señores del mayorazgo de Humanes, de linaje Eraso.

 

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