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Avellaneda

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Una vez más volví al barrio de Avellaneda, en Sopuerta. Esta vez el objeto del paseo no era visitar una vez más la llamada “Torre de Urrutia” que edificara hacia fines del s. XIV Juan Martínez de Avellaneda, ni la iglesia parroquial de San Bartolomé, dónde se bautizara mi ancestro Gerónimo de Abellaneda y Arcé el 14 de octubre de 1630, y que también fueran velados en esa iglesia, en 1655, con su mujer Dª María Ruiz de Gauna Cañedo y Abellaneda.

Esta vez el objeto del paseo era visitar el Museo de las Encartaciones, que por una cosa u otra no había podido visitar en mis anteriores excursiones. En su puerta había quedado con mi amiga Iciar Murúa, vecina y conocedora de las Encartaciones, para visitar juntos el museo y que hizo que disfrutara de la visita aún más.
El museo es interesante, instalado en la antigua Casa de Juntas, muestra con paneles informativos, maquetas y dioramas la historia de las Encartaciones y la forma de vida que se llevaba en ellas. Su visita es altamente recomendable.
En la primera sala tuve una agradable sorpresa: en uno de los paneles titulado “Militares del s. XVIII” aparecía en primer término mi antepasado el Gral. don Antonio de Larrazábal y Basualdo. Natural de Portugalete y pasado a Buenos Aires fue allí regidor, alcalde, tesorero de la Real Hacienda, teniente de gobernador, teniente de rey y alférez real, siendo este último el cargo de mayor importancia dentro del Cabildo, pues tenía la prerrogativa de custodiar y portar en las grandes ceremonias el estandarte real que representaba la figura del rey.
Una vez me hice la turística foto de rigor ante el panel que menciona a mi antepasado, se me ocurrió pensar que allí, en ese mismo barrio de Avellaneda, había nacido en 1654 el hijo mayor del matrimonio formado por los ya mencionados Gerónimo de Abellaneda y María Ruiz de Gauna: el capitán don Gaspar de Avellaneda. Pasó al Río de la Plata en 1674 y fue en Buenos Aires capitán de caballos, regidor perpetuo, alférez real y juez de menores. Había casado dos veces, la primera lo hizo de la manera en que buscaban hacerlo los peninsulares que poseían preclaro linaje y que era la manera de obtener las prebendas reservadas a la sociedad más destacada del virreinato; esto es casándose con “nieta de los primeros descubridores, pacificadores y pobladores de estas provincias”, y así lo hizo en 1681 con Dª Juana de Labayén y Ponce de León. Su segundo matrimonio suele provocar una sonrisa de picardía: a los 61 años de edad, en 1715, el obispo de Buenos Aires lo casó con una joven de 23 primaveras, Dª Inés de Aguirre y Salazar, hermana menor de su nuera.
De sus dos matrimonios tuvo don Gaspar trece hijos, siendo la quinta Dª Agustina de Avellaneda y Labayén, que ampliamente dotada en la suma de $10.000 contrajo matrimonio con el Gral. don Antonio de Larrazábal, que repitiera de esta manera la habitual fórmula de casarse con nieta de conquistador y de primeros pobladores.
El Gral. Larrazábal murió en Buenos Aires en 1756 y fue sepultado en la catedral, siendo uno de los “comerciantes más principales, idóneos y acreditados que se hallan en esta ciudad”.

 

 

 

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