Background Image

Genealogía. ¿Qué es y qué estudia? Definición.

Ratio: 5 / 5

Inicio activadoInicio activadoInicio activadoInicio activadoInicio activado
 

 “La historia no es la acumulación de los acontecimientos de todo orden que se han producido en el pasado. Es la ciencia de las sociedades humanas.”
Numa-Denis Fustel de Coulanges.

 

Pensando en abordar este tema, se nos ocurrió hace algún tiempo lanzar en los foros de genealogía de internet la siguiente pregunta: ¿Qué es la genealogía?

La mayoría de las personas que contestaron se refirieron a ella expresando, principalmente, los sentimientos -siempre buenos, agradables y emotivos- que les produce el hecho de conocer a sus ancestros e investigar sobre ellos y sobre sus vidas. Pero casi ninguno se refirió a ella como una ciencia y fueron pocos los que la asociaron a la historia.

Es cierto que de la genealogía, al igual que la historia, “por lo menos podría decirse en su favor que distrae[1]; y con este provecho es utilizada por muchas personas, cada vez más, en todo el mundo. Pero la Genealogía, para quien la cultiva convenientemente, es mucho más que un pasatiempo: es, por lo menos, una ciencia histórica.

Si hacemos un receso para pararnos a pensar, veremos que la Genealogía está presente desde los primeros momentos de la historia del hombre, al que el deseo de conocer sus orígenes familiares como una suerte de percibir o comprender su propia identidad, ha acompañado en el devenir de los tiempos.

 En el Antiguo Testamento encontraremos que el Génesis define las generaciones desde Adán; que en el Nuevo Testamento san Mateo comienza mencionando los ascendientes de Jesús[2]; encontraremos que la genealogía estaba presente incluso en sociedades cuya historia se ha transmitido de forma oral, como en las ascendencias incaicas transmitidas de forma verbal hasta la conquista del Perú, o como alguna mención que hace el Perito Francisco P. Moreno acerca de los parlamentos entre los indios habitantes de la Patagonia, en los que éstos exaltaban los hechos memorables de los caciques y de sus ancestros, invocando de memoria muchas generaciones.

Lo cierto y real es que la genealogía siempre ha acompañado la historia de los pueblos, “Porque no hay historia de pueblos, sin estudiar las raíces de quienes los formaron[3], y precisamente es la genealogía la ciencia que estudia la historia de estos pueblos y la formación de sus sociedades desde el estudio de la estructura social más elemental de ellas: la familia.

Vemos, pues, que desde los comienzos de la historia -ya sea ésta de transmisión oral o escrita- la genealogía ha estado vinculada a la propia historia de la humanidad. También hemos dicho más arriba que es una ciencia histórica, que no son más que aquellas ciencias “que se limitan a estudiar lo que sucede en el orden temporal en que las cosas suceden[4], ciñéndonos siempre “a la narración de los hechos del hombre.”

Puesto que la Genealogía y la Historia han viajado de la mano en el devenir de los pueblos, habitualmente la Genealogía ha sido considerada una ciencia auxiliar -o instrumental- de la Historia; y en tal carácter -y por haber sido practicada algunas veces conjugando esa utilidad lúdica, de la que hablábamos antes, con unas formas no excesivamente rigurosas- ha sido tratada con cierto desdén por parte de los historiadores, tanto en el pasado como en la época actual.

Este desprecio por parte de los historiadores hacia la ciencia genealógica, y la importancia de esta ciencia en relación con la historia, aparecen muy bien descriptas por el ruso Wesselowski, cuando en uno de sus trabajos realizados en 1945 dice: “Puede parecer inesperado que nos veamos obligados a hablar de la genealogía como de una fuente nueva para la época de Iván el terrible. Esto se explica por el hecho de que esta importante disciplina, auxiliar de la historia, ha sido, en todos los tiempos grandemente desdeñada por los historiadores. Los escasos genealogistas, en su mayoría aficionados y no eruditos, estaban desprovistos de suficientes conocimientos históricos y, en sus trabajos, no podían responder a las exigencias de la ciencia histórica, mientras que los historiadores prescindían de los datos genealógicos, aún en cuestiones cuya comprensión era totalmente imposible sin el socorro de la genealogía. Iván el terrible durante toda su existencia, se movió entre sus parientes, sea sanguíneos, sea aliados por matrimonios...[5]

Aparece así la genealogía como una disciplina auxiliar de la historia, y aún es así considerada por muchos genealogistas actuales[6], aunque su conocimiento resulta fundamental para comprender en toda su magnitud las cuestiones históricas y especialmente las que atañen a la formación de las sociedades; ya sea la estructura social de una población, de una región o de un país entero.

Otros autores -con aparente desdén-  la hacen incluso auxiliar de otras ciencias auxiliares de la historia, como la nobiliaria, otorgándole un papel no demasiado preponderante -a nuestro parecer- cuando se manifiesta que “se constituye en ciencia cuando reconoce la importancia que tiene para la Historia y que su estudio se hace indispensable para otras ciencias.[7]

Partiendo de la premisa que hemos mencionado de ser la genealogía una ciencia histórica, y de la certidumbre de que algunos autores la califican de disciplina auxiliar de la historia, deberíamos establecer unas brevísimas líneas sobre qué es la historia, para poder así establecer luego qué es la genealogía.

Si atendiéramos al recuerdo de nuestros estudios escolares, posiblemente diríamos que la historia es el estudio y la narración de los hechos del pasado, de lo que ya sucedió y cuyas circunstancias pasadas tienen una repercusión o consecuencia en el presente. Recordaremos cómo durante el período escolar estos estudios se centraban especialmente en la exposición de ciertos hechos que constituyeron un cambio importante, ya sea social o institucional, para una comunidad, y en el estudio de los hombres que los llevaron a cabo. De este modo “se ha llegado a considerar la historia como el estudio de la influencia ejercida por los grandes hombres. También sabemos que la mayor parte de la historia es la exposición, no de cosas inmutables, sino de cambios, y que la razón por la cual prestamos tanta atención a los grandes hombres es que éstos son los agentes por medio de los cuales se operan los grandes cambios[8].”

En la frase que introduce este texto podemos apreciar que “el objeto de la historia es esencialmente el hombre[9], el estudio de los hechos acontecidos en las sociedades humanas, de su adaptación a los diferentes medios y circunstancias, de sus migraciones y de la formación de sus sociedades, desde la aparición del Adán y de la Eva antropológicas[10] hasta el presente.

Sin embargo la historia no puede considerarse como el estudio de algo ya acontecido. Existe una historia contemporánea; todos los días se producen hechos que influyen claramente en el devenir de las sociedades humanas, con mayor o menor importancia. En cuanto que la historia es una ciencia estrechamente vinculada al hombre, al que acompaña íntimamente en toda la existencia de las sociedades humanas, es ésta una ciencia en marcha, “una ciencia que se halla en la infancia: como todas las que tienen por objeto el espíritu humano, este recién llegado al campo del conocimiento racional[11].”

La historia es, pues, la “Ciencia de los hombres en el tiempo[12].”

Pero como “el estudio de la historia, tal como las demás actividades sociales, está gobernado por las tendencias dominantes del tiempo y el lugar[13], el pensamiento histórico es también relativo. Tradicionalmente los historiadores han considerado que no todos los hechos humanos son objeto de ser también hechos históricos. Efectivamente, si escribiéramos nuestras memorias –la narración de aquello que consideramos hechos importantes o memorables dentro de nuestra propia existencia personal- posiblemente nunca incluiríamos la mayoría de los hechos cotidianos que efectuamos diariamente de forma rutinaria; ni siquiera para nosotros mismos constituirían hechos memorables dentro de nuestra propia historia. De igual manera las memorias de nuestra existencia y los hechos que hemos protagonizado en nuestras vidas –al margen de que pudieran resultar interesantes o amenas para nuestros familiares y amigos- generalmente nunca serán objeto de estudio en una futura clase de historia escolar. Aunque resulte desesperanzador decirlo, la mayoría de nuestras existencias nunca constituirán lo que los historiadores consideran asunto de la historia.

A pesar de eso siempre podríamos decir que los grandes hombres, aquellos cuyas vidas sí son objeto del estudio histórico, también tuvieron unos padres y fueron fruto de su tiempo, de su educación y de su medio. Crecieron y se forjaron en el entorno de sus familias y de la sociedad de su tiempo, rodeados de personas que si bien nunca fueron objeto de estudio histórico sí que pudieron ser referencias importantes en la vida de esos grandes personajes.

Ya en 1895 el humanista y erudito Miguel de Unamuno establece en su obra “En torno al casticismo” el concepto de intrahistoria diciendo: “Los periódicos nada dicen de la vida silenciosa de los millones de hombres sin historia que a todas horas del día y en todos los países del globo se levantan a una orden del sol y van a sus campos a proseguir la oscura y silenciosa labor cotidiana y eterna, esa labor que como la de las madréporas suboceánicas, echa las bases sobre que se alzan los islotes de la historia. Sobre el silencio augusto, decía, se apoya y vive el sonido; sobre la inmensa humanidad silenciosa se levantan los que meten bulla en la historia. Esa vida intra-histórica, silenciosa y continua como el fondo vivo del mar, es la sustancia del progreso, la verdadera tradición, la tradición eterna, no la tradición mentira que se suele ir á buscar al pasado enterrado en libros y papeles y monumentos y piedras[14].”

La intrahistoria, el concepto que reúne todos esos hechos cotidianos, silenciosos y poco notorios que constituyen el día a día de millones de personas, forman el germen y la esencia sobre la que se levantarán esos personajes cuyos hechos constituirán la historia estudiada por los historiadores, la que en un futuro aparecerá en los libros escolares, “la sustancia del progreso, la verdadera tradición”, como la menciona Unamuno. Esas personas cuyas vidas silenciosas y poco notorias suponen la base sobre la que habrán de surgir esos grandes personajes –en algunos casos- y sobre la que se ha de asentar la “sustancia del progreso” de una sociedad –y que por ende formará parte del progreso de un grupo social mayor, y éste del progreso de la misma humanidad- no forman parte sino de esa estructura fundamental de la sociedad que llamamos “familia”, ese núcleo social básico sobre la que se ha asentado la historia del hombre desde la primera familia fundada por el Adán y la Eva antropológicas.

Ante todo esto, no podemos sino afirmar que la genealogía estudia a las familias y sus relaciones sociales; estudia la formación de las sociedades humanas desde su estructura más básica y elemental; estudia igualmente a quienes conforman esa intrahistoria como a los grandes personajes que intervendrán en los hechos históricos que supondrán un cambio social o institucional importante para sus comunidades.

Podemos entonces afirmar que: La genealogía es la ciencia de los hombres en el tiempo, contemplada y estudiada desde su estructura más elemental, la familia y las relaciones familiares, base de toda estructura social humana.

No cabe, a nuestro juicio, afirmar por tanto que la genealogía siga siendo considerada una ciencia auxiliar de la historia, de acuerdo con las palabras expresadas ya por Carlos Luque Colombres en 1972, que dicen que “Todavía se sigue repitiendo por inercia un viejo error conceptual que reside en considerar la Genealogía como una disciplina auxiliar de la Historia,  en categoría similar a la Paleografía, a la Heráldica, a la Sigilografía, a la Numismática, etc. Ese error fue definitivamente desterrado y sin negar que exista una significativa colaboración mutua, lo cierto es que la Genealogía no es sino una de las partes en que la materia histórica puede dividirse para su estudio, como uno de los puntos de vista con que se enfoca el acontecer, al poner el acento en la formación de los grupos sociales y principalmente en las relaciones de procedencia... Mal puede considerarse a la Genealogía como una disciplina auxiliar de la historia, independiente, siendo que ambas se valen de métodos idénticos para las fuentes –también comunes- sin que difiera tampoco el tratamiento de las mismas a la luz crítica externa e interna, como es obvio. Solo podría señalarse una modalidad diferente en el momento de la exposición, por motivos derivados de la temática propia de la Genealogía, que exige una estructura Sui-generis la cual tampoco puede someterse a reglas generales[15].”

Resulta a todas luces sorprendente que establecidas estas premisas hace ya más de cuarenta años, aún existan hoy en día genealogistas que definan a la ciencia objeto de sus trabajos como una disciplina auxiliar de la historia.

Del texto de Wesselowski transcripto más arriba obtenemos que “la genealogía es objetivamente importante para la interpretación correcta de numerosos hechos históricos. Más aún, es fundamental[16].” A lo largo de estas breves líneas hemos intentado establecer lo que es la genealogía y llegar a una definición del concepto de genealogía que no difiere demasiado de la descripción que para la historia asigna Marc Bloch. Podemos preguntar nuevamente como ya lo hiciera Binayán Carmona en 1982: “¿Son necesarias más referencias para demostrar la verdad de Pero Grullo de la validez universal de la genealogía y de su importancia para entender la historia humana?[17]

 

 

[1] BLOCH, Marc. “Introducción a la Historia”. México: Fondo de Cultura Económica, 1952.

[2] Evangelio según san Mateo 1,1-17

[3] GARIBALDI DE SABAT PEBET, María Matilde. “Vigencia de la Genealogía”, en Revista del Instituto de Estudios Genealógicos del Uruguay nº 2. Montevideo, 1981.

[4] MYRES, Sir John L. “El amanecer de la historia”. México: Fondo de Cultura Económica, 1950.

[5] Mencionado en BINAYÁN CARMONA, Narciso. “De la nobleza vieja... a la nobleza vieja”. Buenos Aires: Facultad de Filosofía y Letras, 1986.

[6] SALAZAR Y ACHA, Jaime de. “Manual de Genealogía Española”. Madrid: Hidalguía, 2006.

[7] LARIOS, Jesús. “Ciencias complementarias de la Nobiliaria”, en “Apuntes de nobiliaria y nociones de genealogía y heráldica”. Madrid: Hidalguía, 1984.

[8] MYRES, Sir John L.; op. cit.

[9] Mencionado en BLOCH, Marc; op. cit.

[10] Adán y Eva no constituyen ya un concepto puramente religioso de los primeros padres, sino un concepto antropológico. De hecho en la muy actual genealogía genética –que tanto nuevos aportes ha realizado al conocimiento de las sociedades prehistóricas, cambiando muchos conceptos erróneos que se daban por ciertos- es común hablar del Adán autosomal y de la Eva mitocondrial de los cuales provendríamos todos los seres humanos del planeta.

[11] BLOCH, Marc; op. cit.

[12] BLOCH, Marc; op. cit.

[13] TOYNBEE, Arnold J. “Estudio de la Historia”. Buenos Aires: Emecé, 1951.

[14] UNAMUNO, Miguel de. “En torno al casticismo”. Madrid: Espasa-Calpe, 1968.

[15] LUQUE COLOMBRES, Carlos. “La Genealogía como parte especial de la Historia”; en Boletín del Centro de Estudios Genealógicos de Córdoba nº 1. Córdoba, 1972.

[16] BINAYÁN CARMONA, Narciso; op. cit.

[17] BINAYÁN CARMONA, Narciso; op. cit.

 

 

 

Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios. Si continua navegando, consideramos que acepta su uso. Política de cookies